El ser humano es un ser sonoro y musical. Por alguna razón, posiblemente evolutiva, somos sensibles a este rango de vibraciones, vitales para comunicarnos y relacionarnos.
Aunque puedan existir patrones más o menos universales, los efectos de la música en las personas son individuales, pues vienen modulados por las características propias de cada uno. Por esta razón, cuando queremos utilizar la música como un instrumento terapéutico debe ser personalizada.
Efectos físicos y emocionales
No deberíamos desestimar ni restarle importancia al potencial terapéutico de la música. Es tan capaz y poderosa que la simple escucha diaria durante seis meses mejora aspectos cognitivos en personas que se recuperan de daños cerebrales ocasionados por un ictus, según Teppo Särkämo, investigador de la Universidad de Helsinki.
Los estímulos sonoros y musicales nos afectan en toda nuestra integridad: físicamente, emocionalmente, cognitivamente y hasta espiritualmente. Puedes corroborar la anterior información con el siguiente experimento:
Es una prueba fácil, medimos nuestras pulsaciones y ritmo respiratorio, escuchamos música durante 15 minutos y volvemos a hacer las mediciones.
- Se incrementarán si la música es dinámica (volumen alto, ritmo marcado, tempo elevado…)
- Disminuirán los ritmos internos si, por el contrario, los parámetros son opuestos (menor volumen, poco ritmo, tempo lento…), nuestro organismo lo acusará.
Estas variaciones fisiológicas podrán repercutir a otros niveles afectando a nuestra conducta, emociones y funciones cognitivas. Aunque es válido aclarar que si todo esto fuera tan simple, actuaríamos como puros autómatas, ya que nuestra respuesta estaría condicionada, únicamente, por las características intrínsecas de los estímulos musicales. Y, en realidad, no es así.
La respuesta final está condicionada por nuestra herencia genética, por nuestras experiencias o vivencias anteriores, por los recuerdos, por el entorno cultural en el que hemos crecido… Todo ello ha generado nuestros gustos personales, los patrones que configuran nuestra personalidad. Recordemos que somos seres únicos e irrepetibles

Trucos para aprovechar los “poderes musicales”
La música es un recurso terapéutico al alcance de todos nosotros y aun así no solemos tenerlo en cuenta. Con ella recuperamos la calma perdida, pero también avivamos nuestro ánimo. Su compañía mejorará nuestra vida.
- No la subestimes
La música no es una herramienta neutra: puede beneficiarnos o perjudicarnos. Todo depende de cómo la utilices.
- Deja que te calme
En situaciones de estrés o en épocas de decaimiento, dedica unos minutos a escuchar plácidamente esas obras que sabes que te aportarán lo que necesitas. Tómate tu tiempo.
- Úsala para activarte
Es un mecanismo contra la pereza. Si empiezas el día un poco desanimado, sin mucha energía, ponte unos auriculares y conecta el reproductor con la música de tu preferencia. Sin darte cuenta, tus neuronas se dinamizarán y tu cerebro se inundará de mensajeros químicos que te provocarán una sensación de plenitud y bienestar.
- Baila
Muévete sin prejuicios ni vergüenza. Cuando conectamos la música con nuestro cuerpo, podemos descubrirnos como seres rítmicos y expresivos. Más allá de hacerlo mejor o peor, podemos encontrar una herramienta curativa.
- Disfruta también del silencio
No olvides que forma parte de la música. Durante esos periodos, nuestro corazón se relaja.
Por si todo esto fuera poco, investigaciones científicas indican que la música también tiene un efecto muy positivo sobre la salud del cerebro. Estimula muchas áreas cerebrales asociadas con el movimiento, la memoria y el estado de ánimo. El resultado de esto es un alivio del estrés, estímulos al razonamiento, mejoramiento de la memoria y un sueño de mayor calidad.
La música es inspiración, magia y belleza, entender su importancia no nos resulta difícil, son incontables la cantidad de beneficios que aporta y está presente de algún modo en la vida de todas las personas.