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#PensarEnDiverso: modalidades de inclusión

Pensar en diverso

Tal vez parezca repetitivo referirse a las realidades femeninas en tiempos de pandemia, pero esta situación sanitaria ha subrayado verdades que demuestran la importancia de buscar maneras resilientes de afrontar las crisis y los problemas sociales. En los contextos institucionales, la aparición de la pandemia obligó a tomar decisiones, entre ellas, el teletrabajo, práctica ya utilizada como una alternativa para mujeres y hombres que tienen a su cargo el cuidado de un familiar, sea hijo o una persona dependiente, para no renunciar a la vida laboral. Pensar en diverso se acerca a los desafíos del teletrabrajo desde una perspectiva de género.

Resulta importante definir que el teletrabajo es la realización de actividades laborales, total o parcialmente, en el domicilio del trabajador o en lugares distintos del establecimiento del empleador, mediante la utilización de todo tipo de Tecnología de la Información y de las Comunicaciones. El desarrollo del teletrabajo está relacionado con diferentes factores tales como las estructuras productivas de las organizaciones, el nivel de avance tecnológico de las instituciones, la calidad de la conectividad, los sistemas de gestión organizacional y las pautas culturales dominantes.

Los debates teóricos  en torno a esta temática tienen diversas posturas: los que la asumen como una flexibilización  positiva  y sostiene que permite la añorada conciliación entre la vida familiar y los proyectos profesionales, también alegan que las instituciones se benefician porque no tienen necesidad de prescindir de un personal calificado y reajustan sus horarios en función de la productividad y las condiciones personal de los y las trabajadoras. En oposición a estos conceptos, la mirada pesimista pone su luz en los efectos dañinos de esta modalidad y señala que torna invisible las relaciones profesionales, no se reconocen las horas extras y prevalece un alto estrés por los  intereses de productividad dominante.

Cuando analizamos estas temáticas desde un enfoque de género es importante precisar que las mujeres prologan sus jornadas laborales, dedicando extensas jornadas a las tareas domésticas y luego otras mayores al trabajo, estas lógicas reducen el tiempo de descanso y aumenta el estrés, lo que afecta la salud de las féminas. Por otra parte, no todas las trabajadoras tienen en sus viviendas las condiciones adecuadas para trabajar y son víctimas de constantes interrupciones por la etiqueta social de ser las guardianas hogareñas, y su quehacer profesional, muchas veces, es subestimado. Además, puede favorecer a colocarse al margen de la superación laboral con peligro de que aumenten las brechas de género.

Los laberintos de la contemporaneidad demandan reajustes y transformaciones para generar oportunidades para todos y todas: madres solteras, hombres y mujeres cuidadores, personas con discapacidad, y esto implica más que diseñar modelos, desarrollar un pensamiento inclusivo en los ambientes institucionales.

La pandemia de la Covid 19 reafirmó la importancia de los cuidadores y cuidadoras en las dinámicas sociales, por lo cual resulta valido, buscar alternativas para su inclusión al ámbito laboral, sea a través del teletrabajo u otras variantes que les permitan tener horarios compatibles con sus tareas de cuidado. Modalidades de oportunidades, ideas flexibles e incluyentes, son la mejor estrategia para humanizar las relaciones laborales.

Pensar diverso seguirá en su afán de rastrear nuevos temas, para juntos construir imaginarios plurales del ser humano.

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