EN CONTEXTO CIENTÍFICO, hoy propone un acercamiento a las ciencias geográficas, que han devenido baluarte para la batalla del ser humano contra la COVID-19. Decir clima, relieve, precipitaciones, accidentes geográficos, flora, fauna, suelo, mapas, capitales…invariablemente remite a lecciones de geografía, sin embargo, su estudio trasciende lo natural, pues esta también incluye lo social.
En geografía se integran las ciencias naturales y las ciencias sociales, y se divide en dos grandes ramas: la física y la humana, esta última tal vez menos conocida. No obstante, existen múltiples disciplinas dentro de las ciencias geográficas, propias de un contexto que, cada vez, tiende más a la investigación multidisciplinar, interdisciplinar y transdisciplinar, tal es el caso de la llamada geografía de la salud, conocida también como geografía médica.
Apuntes de la historia…
El investigador Gustavo D. Buzai, de la Universidad Nacional de Luján, Argentina, en su artículo De Wuhan a Luján. Evolución espacial del COVID-19, cuenta que la geografía médica se originó a partir de la obra de Finke (1792-1795), que “realiza un estudio descriptivo de la distribución de las enfermedades por países presentando el primer mapa temático mundial sobre la distribución espacial de enfermedades”.
De igual forma, Buzai expone que Max Sorre y Jean Brunhes, a inicios del siglo XX, introducen los estudios de la geografía médica “a través de la distribución espacial de los complejos patógenos”; y en 1950, Jacques May incorpora a estos, el análisis de los aspectos sociodemográficos y económicos. No es hasta el año 1976, en el Congreso de la Unión Geográfica Internacional, efectuado en Moscú, que esta especialidad adquiere el nombre de geografía de la salud.
Tras décadas de desarrollo y una multiplicidad de enfoques y paradigmas asumidos, Gustavo D. Buzai confirma que la geografía de la salud, en la actualidad, se orienta hacia dos vertientes: “la localización y distribución de enfermedades, con asociación a características sociales en el estudio de los condicionantes socio espaciales de la salud”, y “la utilización de tecnologías de la información geográfica para la generación de modelos hacia la búsqueda de dar explicaciones al presente y prever configuraciones futuras”.
En Cuba, la prensa de finales de siglo XVIII recoge los primeros estudios de la geografía de la salud, con la publicación de artículos acerca de la influencia del clima tropical sobre determinadas enfermedades, mientras que, en el siglo XIX, sobresalen las contribuciones de los científicos Tomás Romay y Chacón, y Carlos Juan Finlay Barrés. A partir de 1988 esta especialidad se intensifica en el país, gracias a los cursos impartidos por la doctora en Medicina y Geografía Natalia Petrovna Darchenkova, del Instituto Maksimovich de Moscú.
Los geógrafos de la salud en Cuba han sido piezas clave para disminuir la incidencia de enfermedades como la leptospirosis, la lepra, la tuberculosis, el dengue y la neuritis. Esas experiencias acumuladas avalan hoy la pertinencia de la aplicación de la geografía de la salud ante la actual pandemia de COVID-19.
La geografía de la salud y la COVID-19
Liliam Cuéllar Luna, especialista en salud ambiental del Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología, define la geografía de la salud como “la rama que se ocupa del estudio de los efectos del medio ambiente en la salud de las personas, la distribución geográfica de las enfermedades, además del estudio de los factores influyentes en su propagación”, y especifica también que esta especialidad es útil para asegurar la accesibilidad sanitaria y planificar y organizar los recursos.
En el grupo de científicos que asesora al gobierno cubano para el enfrentamiento a la COVID-19, se incluyen especialistas de la Facultad de Geografía de la Universidad de La Habana, del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), del Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología (INHEM) y del Instituto de Geografía Tropical (IGT), que encuentran en la geografía de la salud los métodos para afrontar la crisis sanitaria.
En entrevista concedida a Juventud Técnica, la Dr. C. Nancy Pérez Rodríguez, decana de la Facultad de Geografía de la Universidad de La Habana, comentó que la investigación la estructuraron en tres dimensiones: “estudios de grupos de riesgo (adultos mayores con patologías de base), áreas vulnerables y ubicación de los casos positivos”.
Estos estudios se materializan con el empleo de herramientas informáticas para el análisis espacial, como los Sistemas de Información Geográfica (SIG, o GIS, por sus siglas en inglés), que viabilizan las representaciones cartográficas del comportamiento de la epidemia.
Tal vez, el ejemplo más conocido en la actualidad, sea el GIS On-line de la Johns Hopkins University, donde se rastrea día por día el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 y se visualiza la evolución espacial y temporal de la COVID-19 en todo el mundo.

El profesor universitario Alejandro Veranes Miranda, explicó a Juventud Técnica que “entre los SIG utilizados en Cuba están el ArcGIS y el QGIS (software libre). Para confeccionar los mapas, importamos la información y la ubicamos en el espacio, de acuerdo al objetivo de estudio. Como resultado se facilitan las observaciones del comportamiento de una enfermedad u otra situación sanitaria”.
En el espacio de la Mesa Redonda, la decana de la Facultad de Geografía de la Universidad de La Habana, puntualizó que, una primera fase, se dedicó a identificar en todo el país, a las personas mayores de 60 años con enfermedades crónicas no transmisibles, tales como hipertensión arterial, diabetes mellitus, cardiopatía isquémica, asma bronquial y cáncer, y los resultados se visualizaron en una representación cartográfica.

Igualmente, en las provincias Villa Clara, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila, Santiago de Cuba y La Habana se realizó este registro a nivel de área de salud, metodología que se implementó por primera vez y fue validada en el municipio Plaza de la Revolución. En una segunda etapa, este proceso se desplegó en toda la capital para detectar los conglomerados más vulnerables a la transmisión del virus, de acuerdo con factores sociodemográficos y económicos.
Asimismo, la doctora en Ciencias Geográficas significó que su facultad construyó “un modelo de densidad de casos positivos que representan las áreas de mayor concentración en la capital, lo cual ha permitido identificar zonas donde es más factible aplicar los test diagnósticos y las pruebas PCR de manera masiva, así como intensificar las pesquisas”.
Otra de las iniciativas de este grupo de profesionales, aún en desarrollo, es la elaboración de un atlas sobre la evolución de la epidemia de COVID-19 en Cuba, a partir de los mapas y estudios resultantes, lo cual será de utilidad para futuras situaciones de crisis sanitarias.
Pero no solo la academia contribuye a la lucha contra la COVID-19, geógrafos del Instituto de Medicina Tropical Pedro Kourí (IPK), del Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología (INHEM) y del Ministerio de Salud Pública (MINSAP), desde antes de que el SARS-CoV-2 llegara al territorio nacional, ya monitoreaban el comportamiento del nuevo coronavirus en países como China, Italia y España, y hoy realizan seguimiento en tiempo real al desarrollo de la epidemia.
En tanto, los especialistas del Instituto de Geografía Tropical (IGT), brindan asesoría en geografía de la salud sobre el comportamiento de la COVID-19, y ofrecen consideraciones valiosas para la aplicación de metodologías de análisis que persiguen elevar la eficacia de la gestión de riesgo en la fase post pandemia.
Este equipo de profesionales cubanos demuestra que las ciencias geográficas son más que mapas y capitales, y que sus conocimientos pueden influir en la toma de decisiones para afrontar pandemias tan devastadoras como la que vive, por estos días, toda la humanidad.
La integración y articulación de actores y la investigación multidisciplinar, conducen a que la ciencia, hoy y cada vez más, acompañe y guíe los procesos sociales. Con otro tema para situar EN CONTEXTO CIENTÍFICO regresaremos el próximo jueves. Hasta entonces, cuídate mucho. Un abrazo virtual.