Los hombres se hacen más fuertes al darse cuenta de que la mano ayudante que necesitan está al final de su brazo
Sidney J.Phillps
Jamás el mundo será igual después de la pandemia de la COVID_19. Es una certeza que acompaña la cotidianidad; pero no indica pensar la existencia humana desde matices pesimista, más bien, retomar nuevos rumbos que permitan una vida plena para todas y todos.
Reflexionar debe ser el verbo de urgencia para hurgar en los caminos humanos y revelar la necesidad de cambios que propicien la inclusión. Con esa intención reflexiva Pensar en diverso se acerca a los diferentes rostros de la pandemia: esos que en el silencio de las cuarentenas escriben verdades sobre las desigualdades de género.
La situación sanitaria puede generar mayores riesgos: ancianas maltratadas, mujeres agotadas por la doble jornada del cuidado de la familia y sus nuevas rutinas laborales y esposas violentadas…entonces, ¿este brote pandémico afecta igual a los hombres y las mujeres?
Luego de enunciar estas realidades podemos asegurar que las crisis exacerban las desigualdades y los grupos más vulnerables son los más afectados. Las diferencias de poder entre los hombres y las mujeres significan que muchas féminas no tienen autonomía sobre sus decisiones, la organización de su tiempo o su vida sexual y reproductiva, por lo cual, el cuidado de su estabilidad física y mental, en muchas ocasiones, puede estar en riesgo en este contexto.
Con respecto a los hombres, la búsqueda de atención de salud puede ser más limitada como resultado de esquemas rígidos de género que los hacen esforzarse por parecer rudos, lo que se traduce en un retraso en la detención y tratamiento de la enfermedad.
La permanencia en casa y las presiones cotidianas afloran conflictos en el hogar y aumento de la violencia de género y otras formas de violencia intrafamiliar. Varias historias, con diferentes rostros, relucen durante estas extensas cuarentenas que nos muestran la urgencia del cambio de los patrones rígidos de géneros.
Cuando nos enfrentamos a la enfermedad y a la muerte comprendemos el valor de lo que amamos y de la vida. Las situaciones complejas no pueden ser solo el resorte para propiciar que aflore lo negativo; también son una posibilidad de ser mejores seres humanos. Qué tantas lágrimas y dolores compartidos sirvan para ennoblecer el alma, pensar en los otros como parte de un todo que es la humanidad, tan necesitada de amor y respeto. Para seguir reflexionando sobre este tema en la próxima sección comentaremos sobre el empoderamiento femenino en tiempos de COVID_19.