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Cristales rotos

…estoy rota de intentar, de acomodar, de no ser.
Estoy en un lugar donde se atraviesa el alma para buscar…
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Con un suspiro largo libera las cargas cotidianas, los papeles en la mesa y un montón de exigencias individuales y sociales en los hombros. Mientras, intenta organizar su dinámica; se mezclan los papeles de madre, mujer, trabajadora en un mismo cuerpo sobrecargado que desafía las reglas rígidas de la sociedad patriarcal, aunque existan políticas de cambio social y oportunidades, resulta un desafío para las mujeres abrir las puertas del mundo laboral y andar por los caminos del éxito. No es reiteración, parece irónico, pero todavía en el siglo XXI alcanzar el empoderamiento femenino es un reto, sin que implique una cuota extraordinaria de sacrificios y renuncias.

Ese inmenso y solapado techo de cristal que limita las posibilidades femeninas de conquistar sus sueños profesionales; es una metáfora que ilustra las barreras que, aparentemente invisibles, limitan el desarrollo profesional femenino. En su bolsa, las mujeres no solo llevan maquillajes y objetos innecesarios; también cargan culpas, inseguridades, autoestimas bajas y miedos; consecuencias de una educación androcéntrica y sexista que frenan sus ansias ascender en su trabajo.

Las mujeres andan y andan por sus sueños, recorren caminos largos y tropiezan con creencias: son las cuidadoras por excelencia y están consagradas a las tareas del hogar, no pueden comprometerse con los intereses institucionales; sin contar los prejuicios con respecto a sus actitudes cuando se adoptan roles de liderazgo.

Podemos indagar en miles historias de féminas que se tienen que dividir en varios papeles y a su vez son juzgadas, etiquetadas y sus malestares emocionales crecen, mientras la cotidianidad solapa sus capacidades. Más que expresar pensamientos feministas y progresista, ante todo hay desmontar en la esencia del patriarcado y propiciar en los ámbitos laborales prácticas que refuercen la equidad de género, cuestionen el acoso sexual, faciliten el balance entre la vida familiar y laboral del personal y generen ambientes de compresión y empatía con los proyectos y anhelos profesionales de las mujeres.

Todavía sumergida en la trama de las renuncias, desgarrando las convenciones sociales, suaves pero firmes, las mujeres atraviesan sus miedos. Atrás quedan los cristales rotos; porque ellas ya pasaron, ahora conquistan y transforma. 

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