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Diálogo de construcción conjunta

Por Sandra Fagales y Yudith Rojas

La Universidad de Holguín se acerca a su aniversario 50, una celebración que une a organismos, instituciones, empresas y otras entidades que, de alguna manera, han estado presente en estas cinco décadas de educación y superación continuas.

La Casa Iberoamericana, fundada el 23 de octubre de 1993, con el objetivo de profundizar, a partir del estudio y promoción de la cultura nacional y regional, en las relaciones histórico culturales que conforman la cultura en el continente, no ha estado ajena a la formación académica que distingue a la Universidad de Holguín. Con el propósito de conocer qué ha significado este centro de Educación Superior en la proyección nacional e internacional de la Casa, la Dirección de Comunicación Institucional sostuvo un encuentro con el Dr. C. Eduardo Rafael Ávila Rumayor, Director de la institución y Presidente del Comité Organizador de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana.

¿Cuánto considera usted que le ha aportado nuestra institución a la materialización de los principales proyectos de la Casa, considerada una de las instituciones culturales más importantes de la provincia?

Considero que, en la propia naturaleza del surgimiento de la Casa, mucho tuvo que ver el papel de la intelectualidad asociada a la Universidad que participó en el proceso de fundación de la misma. Hay que recordar la figura de José Manuel Guarch Delmonte, maestro fundador, pues su visión era la de un investigador, desde la formación, desde la ciencia; por tanto, esto le brinda una cercanía muy natural a la Casa en su relación con la Universidad. La propia práctica de estos 25 años ha demostrado que es, en esa propia relación con la Universidad, donde más nos hemos fortalecido. El alcance de nuestra actividad, más allá de la promoción artística o cultural, que se logra, fundamentalmente, a través de la Fiesta Iberoamericana, se ha visto beneficiada por esta alianza con la Universidad. Esto ha permitido que, teniendo un colectivo pequeño de trabajadores, nos hemos nutrido de todo ese pensamiento cultural.

Sin esa cooperación mutua y sin ese acompañamiento académico, nos hubiera costado mayor esfuerzo. Es por ello que debemos recordar a personas que han estado vinculados en todo este período, como el profesor José Fernando Novoa, quien fuera director de la Casa; el querido investigador Rigoberto Segreo, cuyas ideas ayudaron a crear el Congreso Iberoamericano de Pensamiento; la profesora Nurys, solo algunos de una larga lista que incluye, además, a Rectores de los diferentes centros de Educación Superior, ahora integrados en la Universidad de Holguín.

Creo en la existencia de un eje central de desarrollo de la Casa en estos 25 años que está sustentada, fundamentalmente, por el trabajo de ciencia, de investigación, de debate cultural que la Universidad nos ha propiciado, con ese potencial científico que la distingue.

El Dr. C. Eduardo Rafael Ávila Rumayor, director de la institución y presidente del Comité Organizador de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana. Desarrollado en la Casa Iberoamericana, el 16 de marzo de 2018. Foto/Yudith Rojas Tamayo
El Dr. C. Eduardo Rafael Ávila Rumayor, director de la institución y presidente del Comité Organizador de la Fiesta de la Cultura Iberoamericana. Desarrollado en la Casa Iberoamericana, el 16 de marzo de 2018. Foto/Yudith Rojas Tamayo

Cada año, los estudiantes universitarios realizan sus prácticas laborales en esta institución, ¿cuánto les enriquece sus conocimientos e incipientes habilidades en su accionar cotidiano y en los mayores eventos que organizan?

Eso tiene que ver con una primera impresión, donde los estudiantes cuentan con lo que han producido en términos de resultados científicos, es decir, nosotros poseemos en el arsenal teórico que hoy la Casa muestra, muchas de las tesis que ayudaron a configurar nuestro acervo, sobre todo en las comunidades naturales y descendientes asentadas en la región, durante muchos años. Esas investigaciones nacieron de tesis tutoradas por nuestro personal con jóvenes en pregrado y otros que continuaron su especialización, una vez graduados de la Universidad. Por otra parte, esa práctica docente mucho ayuda en la organización de procesos y en la diversificación del alcance de las acciones que desde aquí se realizan. Pienso que no solo debemos visualizarlo como un acompañamiento en los eventos, que ciertamente les permite interactuar con los artistas, con los delegados internacionales, sino como ese trabajo cotidiano de la práctica laboral vinculada a la Casa, que en sí genera una riqueza en ambos sentidos, tanto la experiencia que podemos transmitir con personas muy preparadas, como la frescura, nuevos conocimientos, incluso en ocasiones, con la literatura que compartimos, entregada por los profesores y que arriba a nosotros por la vía de los estudiantes.

Para nosotros es vital y muestra de ello es que, hace muy poco, estábamos conversando con profesores de la carrera de Licenciatura en Turismo, pues la Casa, en su reto futuro comienza a buscar nuevas alianzas con profesiones de potencialidad en la provincia. Ya no es solo la carrera de Historia u otras de las Ciencias Sociales, sino abrirnos a nuevos horizontes, con la intención de posicionar la Casa como un producto o un destino, ya sea por el turismo de evento o el más tradicional. Con la carrera de Turismo, específicamente, hay una serie de herramientas, de profesores, de estudiantes que pueden venir y aportar a una visión que ya estamos construyendo en la Casa con este nuevo aniversario y quizás de cara a los 30 años.

La Casa Iberoamericana ha recibido muchos de los egresados de la Universidad de Holguín, ¿cómo ha sido su inserción en las actividades que desarrollan, teniendo en cuenta las peculiaridades de su trabajo?

El tránsito de la vida estudiantil a la vida profesional siempre implica dos visiones que hay que encontrar. Lo expongo así pues, por lo general, el graduado cree que viene con todo el saber y con muchísimos deseos y en la práctica comienza a chocar con la imposibilidad de colocar todo ese conocimiento, a partir de las problemáticas que existen en la institución. Si no se logra encontrar un balance en ese entrenamiento y lo que realmente necesita la institución, podríamos terminar generando indisposición y a veces, un alejamiento hacia ese estudiante. Sin embargo, en la Casa conservamos un grato recuerdo de casi todos los graduados que han pasado por aquí, teniendo en cuenta que, en algunos casos, las condiciones de trabajo del sector de cultura limitan mucho el potenciamiento de un desarrollo profesional en profundidad; aunque tenemos jóvenes que se insertaron, se superaron y hoy están brillando en otras esferas, mejor remuneradas, más cómodas o de mayor perfil de desarrollo y eso es parte de la lógica de las dinámicas actuales.

En este punto hay una particularidad. Muchos de nuestros trabajadores empezaron su vida profesional casi sin ninguna formación. En la actualidad, han ido transitando y son de los especialistas más reconocidos de la Casa porque fueron capaces de, en el propio contexto de trabajo, incorporarse a diferentes variantes de superación que ofrece la Universidad.

A lo largo de estos años de trabajo de la Casa Iberoamericana, muchos han sido los profesores que han colaborado en el Congreso de Pensamiento, ¿cuán importante considera usted que ha sido esta participación desde la academia?

La Casa Iberoamericana no es, sin ese grupo de profesores, porque solo la Casa y sus especialistas no hubieran podido lograr el alcance que hoy tiene. No ha habido nunca una relación de trabajadores y profesores, siempre ha existido una relación de promotores culturales, promotores de pensamiento, promotores de la defensa de la identidad cubana que encuentran espacio en la Casa.

A su juicio, ¿qué herramientas se pueden implementar en el trabajo recíproco de ambas instituciones que permitan un mayor acercamiento y mayores resultados?

Hoy tenemos, quizás, mecanismos de relación que están basados en una formalidad y eso todavía nos ata mucho. La formalidad define la relación, pero no la enclaustra, pues en medio de ese marco jurídico que se construye hay una relación más fluida. Creo que tenemos que desmontar nuestros sistemas de relación tan formales e irnos a esa forma de participación común, porque hoy hay retos para la Universidad que apuntan a un acompañamiento más cercano al sistema de instituciones, al sistema productivo o de gestión de cualquier proceso. La formalidad nos da un camino, pero hay que saber aprovecharla en su multidimensionalidad. Actualmente, el papel de la Universidad en las estrategias de desarrollo de este país, que pasan desde la Casa Iberoamericana hasta cualquier nivel, es decir, sistemas de gobierno, gestión empresarial tiene que ser más agresivo, hay que convencer de la necesidad de la Universidad como un ente de acompañamiento y como un aliado estratégico. Es por ello que necesitamos el convenio, pero debemos ser más activos en un diálogo de construcción conjunta.

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