Por Norman Infante Portelles.
El 8 de octubre de 1967 en la Quebrada del Yuro, Departamento de Santa Cruz, Bolivia, cae herido en una emboscada y con su arma inutilizada por un disparo Ernesto Guevara de la Serna; para el mundo Ernesto Che Guevara, para los cubanos sencillamente el Che.
La tropa del ejército boliviano que lo capturó, al mando de la cual estaba el capitán Gary Prado, lo traslada hasta la escuelita del pueblo de La Higuera, hasta ese momento la idea era trasladarlo hacia la ciudad de Santa Cruz para ser juzgado por una corte marcial. Pero pronto llegaría una nueva orden, el presidente boliviano de entonces, el general René Barrientos, dio la orden de ultimarlo aparentando su muerte en combate, tiempo después se supo que la orden le llegó desde Washington.
Otra prueba de ello es que para asegurarse del cumplimiento de esta decisión llega a La Higuera en un helicóptero, junto a un alto oficial boliviano, el agente de la CIA de origen cubano Félix Rodríguez. La orden se ejecuta al siguiente día, 9 de octubre, por el sargento boliviano Mario Terán, quien necesitó emborracharse para cumplirla, por sus propios testimonios hoy sabemos de la entereza moral con que el Che enfrentó la muerte y de la vileza de sus ejecutores. Junto al Che también eran asesinados sus camaradas Willy Cuba y Juan Pablo Chang
Pero eso no bastó, faltaba aun el show mediático, no solo deseaban la muerte del líder guerrillero, también deseaban matar su ejemplo y prestigio. El 10 de octubre su cuerpo fue trasladado y exhibido en la lavandería del hospitalito de Vallegrande, ante la presencia de una treintena de periodistas, solo tres extranjeros, las fotos hechas al cadáver del Che por uno de ellos, Marc Hutten, corresponsal de la AFP rápidamente aparecían en las primeras planas de los principales diarios del mundo.
No obstante, a pesar de los grandes esfuerzos y recursos invertidos por la CIA, no han podido lograr su objetivo. Ese mismo año los revolucionarios bolivianos recuperaron, protegieron e hicieron llegar a Cuba el Diario del Che en Bolivia y, gracias a ingentes esfuerzos políticos, antropológicos y de criminalística, un grupo de expertos cubanos, en coordinación con el gobierno boliviano localizaron y recuperaron los restos mortales del “Guerrillero Heroico” y de otros integrantes de la guerrilla.
Casi treinta años después de su asesinato, el 12 de julio de 1997 en horas de la noche, llegan a Cuba los osarios del Che y otros 6 de sus compañeros. Hoy junto a él, otros 17 camaradas de la guerrilla son diariamente honrados por cientos de cubanos y personas de todo el mundo en el mausoleo erigido en la ciudad de Santa Clara e inaugurado por Fidel.
El Che Guevara hoy es ejemplo para las mujeres y hombres que luchan cada día por un futuro mejor, aunque los que lo asesinaron aun sigan insistiendo en mancillar su memoria, pues aun después de muerto les sigue ganando batallas.
No lograrán matar al joven que en dos ocasiones se lanzó a conocer las tierras y pueblos de su América, el que conoció de primera mano la miseria de los campesinos, el dolor de los indígenas, la explotación de los obreros en contraste con la opulencia de las aristocracias latinoamericanas, serviles ante el poderío norteamericano.
No lograrán matar al médico testigo del golpe de estado en República Dominicana, orquestado desde EE. UU solo por la llegada de un gobierno que quiso darle algo de justicia social a su pueblo, pero inquietó a los amos de las poderosas compañías norteamericanas.
No lograrán matar al médico hecho guerrillero cubano al unirse a Fidel en México para desembarcar en Cuba, pues estaba en pie la promesa hecha de que seríamos “libres o mártires”, el que a unas horas de pisar tierra ya se vio ante la disyuntiva de escoger entre la mochila de medicamentos o una caja de balas.
No lograrán matar al comandante guerrillero, al estratega militar, al que arribó al triunfo de enero del 59 queriendo y siendo querido como un cubano más. No podrán asesinar al presidente del Banco Nacional de Cuba, al Ministro de Industrias, al avezado economista, al filósofo marxista que muy temprano supo alertar de los errores que se cometían en la construcción del socialismo en la URSS y Europa del Este, como quedó evidenciado décadas después.
Mucho menos pueden matar al que un día pidió se le liberara de toda responsabilidad en Cuba pues “otras tierras del mundo reclaman mis modestos esfuerzos”. No podrán matar a aquel que definió al “Hombre Nuevo”, al hombre necesario para construir y vivir el Socialismo, sin siquiera darse cuenta que se describía a sí mismo. Por ello Fidel dijo un día que si nos preguntábamos cómo debían ser nuestros hijos, la respuesta era que debían ser como el Che.
* Por coincidencias de la vida, y por el altruismo de la revolución cubana, cuando se cumplían 40 años del asesinato del Che, al sargento Mario Terán un equipo médico cubano le devolvía la visión como parte de la Operación Milagro, en la ciudad de Santa Cruz y durante el gobierno del presidente Evo Morales, ver en:
https://elpais.com/internacional/2007/10/02/actualidad/1191276016_850215.html