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Somos amigos

¡Buenos días Chucho, como siempre puntual! Vamos, andando a paso rápido que hoy tengo mucho trabajo.

Primero: ordeñar las vacas para que te tomes tu lechita fresquecita de siempre y yo, mi cafecito con leche cruda, ¡es un placer!, ¿verdad? Luego le daremos de comer a las gallinas. No me toques los pollos, ya sé que son bonitos e inocentes, pero… también serán las futuras gallinas y gallos que me alimentarán.

Después… iremos al campo. Allí nos repartiremos las tereas. Claro, siempre lo hacemos: tú a cazar y yo a sembrar. Estamos en tiempo de soya, mi carne vegetal favorita. Jijijijij. ¿Cuál otra? Si es carne no es vegetal. Pero ya sabes ese granito tiene más proteína que una vaca.

Por la tarde, cuando baje el sol, sembraré una cordillera de árboles frutales. Allí, ¿lo ves? Divido terreno, tengo sombra y frutos, y lo más importante, ataja la erosión.

Umssssss, respira, aire en su estado natural, puro. Siente: la naturaleza. Si algún día pudiera sentirse esta tranquilidad en la ciudad. Si mis padres pudieran entenderlo. La ciudad… es bonita, mucho desarrollo, vorágine e hiperactividad. Me gusta ir de visita, visitar museos, bares, teatros… solo visitas. Para vivir, el campo, donde el despertar es el concierto de los gallos y no de los cláxones de los carros.

Todavía recuerdo la cara de estupefacción de mis padres cuando yo, estudiante de cien en todas, hijo de padres universitarios, madre doctora y padre informático; pedí en la primerísima opción de mi boleta Ingeniería agrónoma ¿Quién dijo que para ser campesino hay que estudiar? –me reprochaban.

Es incuestionable que la mediocridad sí se estudia. Tal vez los campesinos no sean muy estudiados, pero sin ellos no pueden estudiar los ingenieros, licenciados, maestros, médicos…

No hay mejor sensación perceptible que la paz y tranquilidad que sentí en mis primeras prácticas, tocar la tierra fría por el rocío de la mañana, sentir la vida en las plantas, comunicarme con los animales… Ese mismo día empecé los trámites para acogerme a la modalidad de usufructuario y corté las primeras palmas para mi bohío. Todavía mis padres no conocen mi casita. Se avergüenzan de tener un hijo que viva en un vara en tierra, le guste andar enfangado y entre la caca de los caballos y reses.

¡Oh! Mira el charco del río que más te gusta: El Encanto. ¿Vienes todos los atardeceres a ver salir a la doncella a peinarse su brillante cabellera? ¿Existirá de verdad, o, es pura leyenda campestre? Tranquilo, no me mires así, no te juzgo, es más te guardo el secreto. Solo tú y yo sabemos lo que haces en todos los atardeceres.

La naturaleza es extraordinaria. Ahora te explico chico, cambia esa cara de no entender nada. “El encanto” de este charco radica en ese árbol que se empeña en vivir en el medio del río. El ciclón 13 años atrás lo arrancó de la orilla, mas no de la vida. Nadie entiende cómo ha podido sobrevivir rodeado de tanta agua ¡Es un ejemplo de resistencia! Tan simple. Si lo siguieran…

Yo no sé por qué la gente no entiende nuestra relación. Incluso creen que estoy loco por hablar contigo. Todos te desprecian. Y eso que no eres negro. Dicen que los tuyos son traicioneros. Incierto. Tu lealtad no está a prueba. Me escuchas, entiendes y no me juzgas. Me apoyas y me sigues a todas partes y proyectos.

¡Miauuu! No te preocupes, sé que no puedes hablar, pero te entiendo y tú me entiendes. Somos amigos.

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