Por Roger Florentino Obregón Tejeda
Profesor del Dpto. Economía y presidente de la Cátedra Honorífica Oscar Lucero Moya.
El 6 de febrero de 1932, en la calle Pocito, entre Lawton y San Anastasio, en la barriada habanera de Jesús del Monte, Lawton, nacía uno de los héroes más legendarios y paradigmáticos de la Revolución cubana: el inolvidable Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán.
Hay un hecho poco conocido, divulgado por el propio Camilo, en carta a un amigo, que lo retrata de cuerpo entero:
“…el 7 de diciembre fuimos al parque Maceo acudiendo a un llamamiento de la FEU para rendirle tributo a Maceo…Cuando terminó el acto nos dirigíamos a la universidad la masa del pueblo con el estudiantado al frente, gritando: ¡Revolución, Revolución, Revolución!
La policía y varios carros atravesados en la calle San Lázaro… comenzaron a tirarnos, tiraban con rifles…comenzaba a caer la gente. En esos momentos fue que me hirieron en la pierna izquierda, fue un balazo de M-1.
Me metieron en una máquina y me llevaron al Calixto García… el primero en llegar cuando me curaban fue Osmany, después los viejos, esos momentos son imposibles de olvidar, cuando el viejo en un verdadero arranque de emoción y tensión cogiendo el jacetano manchado de sangre con que me habían vendado provisionalmente la herida, dijo: ¡Es la sangre de mi hijo pero es sangre para la revolución¡”
No es casual, que años después su inseparable amigo: el Che Guevara, expresara:
“Y la seguridad, expresarles la seguridad de que aquel ¿Voy bien? de Fidel, cuando le preguntara a Camilo en la Ciudad Militar a los primeros días o el primer día de su llegada a La Habana, no significa la casualidad de una pregunta hecha a un hombre que por casualidad estuviera a su lado, era la pregunta hecha a un hombre que merecía la total confianza de Fidel, en el cual sentía, como quizás en ninguno de nosotros, una confianza y una fe absolutas”.