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Ecuaciones en el amor

Diversos son los temas que hoy, a pesar de las diferencias culturales, son comunes en todo el mundo; temas que generan controversia, felicidad, tristeza, incomprensión, buenos deseos, compasión; en fin, sentimientos que experimentamos a diario, según nuestras experiencias personales. Sin dudas, al acercarnos al enigmático universo de la sexualidad, incontables serán los criterios que emerjan. Por tradición, hemos asistido a sociedades patriarcales, donde la ecuación correcta y aceptada se reduce a: hombre + mujer = hijos, que en su misión de continuar la humanidad deben honrar y respetar lo ya establecido. Por supuesto, que así aprendemos a construir nuestra sexualidad de pequeños, cuando, por ejemplo, en tono jocoso, nuestra propia familia nos busca novio o novia, o les enseñan a los varones qué hacerle a la “chacha”, siempre demostrando su masculinidad irresistible, ante la delicadeza y paciencia de las féminas.

De esta manera, vamos creciendo con los patrones adecuados para ser incluidos exitosamente en la compleja maquinaria que es la vida. Así, si eres un hombre conquistador, con una larga lista de mujeres en tu currículum, has pasado con medalla de oro la prueba de la vida; y si eres la perfecta mujer, fiel, hacedora de varones que legitimen el apellido y, además, buena esposa, también has alcanzado la máxima puntuación. Para cualquier lugar que miremos funciona de la misma manera: los libros que lees, las clases que recibes, los consejos de los padres, el aliento de los amigos, las películas que vemos o los videos musicales que bailamos.

Sin embargo, a pesar de la flexibilidad y apertura de las sociedades modernas, hablar hoy, de otro tipo de ecuaciones en el amor, puede tornarse en una compleja aventura. Me refiero a hombre + hombre y a mujer + mujer, preferencias que desde los tiempos remotos han existido y que, no es algo novedoso que ha traído el último milenio. Catalogada como homosexualidad vs heterosexualidad, al menos, ya no es percibida por muchos como una enfermedad, una deformidad o una debilidad en el carácter. Poco a poco, la seriedad y respeto en las relaciones del mismo sexo, constituidas por personas talentosas, profesionales y buenos seres humanos han posibilitado que se escuchen sus voces y se reconozcan sus derechos, a través de movimientos e instituciones en todo el mundo.

En el decursar de la humanidad, grandes personas han sido enjuiciadas por su homosexualidad, como el famoso escritor inglés Oscar Wilde, autor de la novela “El retrato de Dorian Gray”, con la cual logró ser acusado de sodomita; o al francés Marcel Proust, quien escribiría “En busca del tiempo perdido”, la primera novela donde la homosexualidad reprimida por la sociedad de la época era plasmada de manera abierta y hasta el mítico Truman Capote, autor de “A sangre fría”, una historia escalofriante que inició los caminos del llamado periodismo literario o literatura de no-ficción.

Innumerables serían los pasajes de turbulentas y pasionales vidas, de esos hombres y mujeres que, por su elección de pareja, han sufrido menosprecio, discriminación y aislamiento para no “contagiar” su estatus amoroso. Lo cierto es que, todos tenemos derecho a escoger la persona que nos hace felices siendo nosotros mismos, que nos comprenda, que nos apoye, sin importar sexo, edad o raza. Lo que debemos considerar es el respeto y tolerancia hacia quienes nos rodean, quienes no tienen por qué aceptar una demostración pública de amor, comentarios inapropiados, conversaciones indeseadas; es decir, fomentar una convivencia donde haya lugar para todos.

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