Por Roxana Pérez Hechavarría / Estudiante de Psicología
¿Pueden los autómatas robarnos el trabajo a los psicólogos? Quizás les parezca poco atinada la pregunta, y lo es. Porque si lo pensamos bien, ¿qué tenemos los psicólogos que un chatbot cualquiera no pueda imitar? Siempre podemos refugiarnos en algún “argumento” clásico: que somos humanos, que tenemos conciencia, que sentimos. Ese gastado comodín que siempre sale a flote cuando se nos hiere el ego.
Porque claro, quién como un ser humano para entender a otro ser humano. O, al menos, eso nos gusta pensar. Dejando de lado esta retórica manida, por qué no intentamos algo mejor? Tal vez analizar qué hace una IA mejor que un psicólogo promedio. Soy consciente que un buen análisis de estos aspectos escapa al alcance de estas líneas (y a mis capacidades), pero puedo ofrecer uno superficial, que al menos tiene la virtud de ser breve.

Ventajas de la inteligencia artificial (IA)
Empecemos por lo más fácil. Una IA está abierta las 24 horas, es decir, no presenta ese limitante horaria de las terapias convencionales. No padece del mal de las trampas cognitivas; no se distrae, no olvida, no se confunde (en apariencia) y puede manejar grandes masas de datos con la facilidad de un sorbito de refresco.
No padece enfermedades ni tampoco se cansa (a no ser que sea de pago, en ese caso toca reprogramar la cita). Es, lo que algunos llamaríamos, el “psicólogo modelo”, un ente desprovisto de sesgos, ideologías y creencias, al menos en apariencia —salvo que la programes para que los tenga, pero no es usual—, que medien la relación terapéutica, porque, si algo caracteriza al ser humano es el horizonte de códigos, símbolos culturales, estereotipos, prejuicios, posturas políticas, que en mayor o menor medida interfieren en la terapia.
También conviene admitir que en lo referente al lenguaje, la IA se lleva el premio mayor. Construidas literalmente como modelos de lenguaje, son capaces de analizar y generar respuestas en cuestiones de segundos, ganando terreno en juegos de razonamiento rápido como el ajedrez o el go e, incluso, algunos polifacéticos como el Póker, Dota 2 y StarCraft II. Ante esta abrumadora realidad, qué nos queda a nosotros, los psicólogos? Pues la respuesta está en las fallas que a nuestra buena amiga le faltan por corregir.
Limitaciones
Una de las más comunes es la llamada sychofancy, que consiste en la tendencia de las IA de caer en la adulación, llegando incluso a la condescendencia extrema. Sabemos, por puro sobreuso que aunque le respondamos una soberana tontería, siempre nos devolverá con una amabilidad imperturbable; rozando lo psicopático. con rases como “has dado en el clavo” o “estás entendiendo como todo un profesional”, cuando lo que le sigue son correcciones inmisericordes.
No sé ustedes, pero a la larga llega a ser tedioso recibir halagos tan frecuente; hasta tal punto que uno se pregunta si no lo están tratando como idiota. Toda esta sychofancy pone a prueba la validez de los asistentes de IA a la hora de tomar decisiones, ya que un sistema incapaz de ejercer el pensamiento crítico, señalar lo incorrecto en la respuesta que le damos, es un sistema que pierde utilidad. La base de la confianza se construye sobre argumentos honestos aunque molesten.
Otro defecto en el funcionamiento de la IA son las alucinaciones, que se definen como respuestas inventadas o inexactas que no están respaldadas por sus datos de entrenamiento. Vamos, que son todas aquellas respuestas, en apariencia verdaderas, que no cuentan con un fundamento real. Tal cual como en las alucinaciones humanas, donde se perciben cosas que no están ahí.
Y esto nos coloca en una situación interesante: ¿qué pasará cuando se enfrente a dilemas que no sea capaz de resolver? ¿Inventará una solución viable? ¿Reconocerá qué no lo sabe o se quedará atascada en un bucle de inconsistencias?
Reflexión final
De esta manera, ahogamos la idea de la perfección terapéutica de los modelos de lenguaje, como ChatGPT, Deep Seek, Gemini, Copilot, considerando que aún les queda camino por recorrer y que por el momento son solo buenas herramientas de acompañamiento, útiles como asistentes para muchas actividades. No obstante, las inteligencias artificiales siguen mejorando. Lo que no está garantizado es que nosotros hagamos lo mismo. Dar eso por sentado es, quizás, la forma más rápida de quedar obsoletos.