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Diciembre de 1898: el lúgubre final de Calixto García Íñiguez frente al invierno imperial

Calixto García Íñiguez

Por Paul Sarmiento Blanco. (Profesor del Departamento de Historia)

Los últimos días de vida de Calixto García Íñiguez acontecieron en los Estados Unidos de América, dirigiendo una Comisión diplomática de la Asamblea de Representantes del gobierno de la República en Armas, que intentaría buscar el reconocimiento jurídico internacional de los cubanos e indagar acerca del futuro del país, además de gestionar dinero para desmovilizar las fuerzas insurrectas (el llamado licenciamiento del Ejército Libertador).

Estratega militar de gran calibre, astuto conocedor del enemigo, fue, además –según mi opinión –un gran estadista. Y en los últimos días de su vida, después de sufrir el disfavor de los norteamericanos, de vivir los desacuerdos de los propios cubanos, de soportar su destitución como Lugarteniente General, García demostró ante los cubanos y ante el mundo su grandeza como estratega político en las negociaciones con los yanquis.

El 21 de noviembre de 1898 partió hacia los Estados Unidos la Comisión designada por la Asamblea de Representantes, en Santa Cruz del Sur para entablar las negociaciones con el gobierno de los Estados Unidos sobre el asunto del destino del Ejército Libertador Cubano. Formaron la parte oficial de esta delegación: Calixto García Iñiguez al frente de la misma, a pesar de la oposición de varios cubanos incluidos Salvador Cisneros Betancourt. Al lado del holguinero estuvieron hombres de las más diversas orientaciones ideológicas dentro del mambisado como José Miguel Gómez y Manuel Sanguily, más dos comisionados de perfil pronorteamericano como José Antonio González Lanuza, profesor de Derecho Penal y socio de un bufete que representaba a varias compañías norteamericanas en Cuba, y José Ramón Villalón, ingeniero civil, graduado en la Universidad de Pennsylvania, vinculado al capital estadounidense.

Acompañaron a Calixto, además, en calidad de ayudantes personales, el coronel Cosme de la Torriente y Peraza, el comandante Justo García Vélez (hijo de Calixto), el teniente Ricardo Koby y los coroneles Enrique Villuendas y Carlos Martín Poey. A la delegación cubana se le unió oficialmente Gonzalo de Quesada y Aróstegui, el representante diplomático de la República en Armas en el país norteño.

 Los cubanos, con el prócer holguinero al frente, llegaron a Washington en medio del más crudo invierno y solicitaron entrevistarse con el presidente MacKinley, lo que de modo alguno implicaba el reconocimiento de la personalidad jurídica de la Asamblea. Entre el 24 de noviembre y el 8 de diciembre de 1898 el General García realizó innumerables visitas a funcionarios públicos, militares, hombres de negocios y particulares norteamericanos. Igualmente se reunió con los emigrados cubanos, la mayoría contentos con la evacuación de la isla por España y otros preocupados por la presencia norteamericana en Cuba y su futuro político.

No se debe soslayar el enorme esfuerzo realizado por Calixto García en esos días. Había que tener en cuenta la intensa campaña militar realizada en Cuba desde 1896, el frío reinante en los Estados Unidos, la fuerte pulmonía que con rapidez se entronizó en la anatomía del prócer cubano. Según relata Cosme de la Torriente, había además una “intensa y seca humedad sobre Washington en los primeros días de diciembre y Calixto no descansaba, orientaba, dictaba notas, se reunía con cubanos y americanos, siempre preocupado por el futuro de la república.” 1

En cuanto a la negociación con los estadounidenses, Calixto persistentemente mostró una clara comprensión de las circunstancias en ambos países, aunque en algunas oportunidades excedía su confianza hacia los políticos norteños.  Resultaría difícil desentrañar los desabridos instantes de inferioridad política que debió sentir Calixto en las entrañas del monstruo. Carente de base alguna, que sustentara, para el equitativo esclarecimiento de su paradójica posición en la victoria, la delegación cubana fue recibida por MacKinley.

A la entrevista efectuada con carácter privado, debido a que, como siempre, cuando se trataba de los cubanos, el gobierno yanqui no le confirió ninguna representatividad. Por ende, si bien había algunos comisionados confiados ingenuamente en tratos nítidos con el futuro ocupante, otros convinieron meditar que, la gestión debía obtener, a través de ambages si fuese imprescindible, que Washington tratara en pie de igualdad al órgano revolucionario. Según los presentes en aquella histórica entrevista, el presidente yanqui se mostró afable y circunspecto, sobre todo con Calixto García, el presidente de la delegación. 2

Fue un juego de malabares la transacción, una vez más, hegemonía y soberanía se enfrentaban en el tablero diplomático diseñado por la Asamblea de Representantes. El gobierno norteamericano concordaba, paradójicamente, con la comisión en cuanto a la disolución del ejército cubano. Fue en la negociación un momento complicado para los cubanos allí presente, y por supuesto para el gallardo jefe de la delegación. Pareciera que salieran a flote los serios conflictos internos del campo insurrecto. Pero Calixto García y el resto de la comitiva mostraron mesura.

En esa difícil coyuntura, su enfermedad se agravaría, y la pulmonía sellaría el destino del más grande holguinero del siglo XIX cubano. Los cambios bruscos de temperatura acatarraron a Calixto y en vez de recogerse en su tibia habitación del Hotel Raleigh, no paraba cometiendo “disparates” que hicieron empeorar la tos y la fiebre los días 9 y 10 de diciembre de 1898. Se sellaba el destino de Cuba. Ese día 10, un médico confirmaría que Calixto no podía levantarse de su cama al diagnosticar bronconeumonía e informaría a Sanguily que todo estaba perdido.

En una carta escrita a Cosme de la Torriente en octubre de ese año, desde Santa Cruz del Sur, Calixto le avizoraba que ¨si voy a Washington mis pulmones colapsarían frente al invierno de allí(…)¨ 3 Sin embargo, como cubano fiel, profundo, comprometido con su tiempo, encaró el destino.

Quiso también la casualidad que, ese fatídico día 10, en París, Francia, a las cuatro de la tarde, se cerró el trato que puso fin a la primera guerra imperialista de los tiempos modernos. España abdicaba la soberanía sobre sus colonias en América, pero además no concedió la independencia a Cuba; cedió su jurisdicción y sus derechos de propiedad a la nación pujante y juvenil que se trastocaba en imperio moderno.

Esa noche del 10 de diciembre, en Washington, las defensas físicas de Calixto, no las morales, desvanecían poco a poco; su corazón comenzaba a fallar sin enterarse de lo ocurrido en París. Al amanecer del 11 de diciembre, apenas hablaba y permanecería casi toda la mañana en un profundo letargo. Nevaba en el instante que exhaló su último suspiro. Junto a él, su hijo Justo García Vélez y su ayudante Cosme de la Torriente, lo vieron partir a la eternidad.

Es incuestionable que la muerte de Calixto García fue un golpe para el campo insurrecto cubano, tanto para su mando militar como civil. Calixto se había convertido en una especie de equilibrio en ese contexto entre tantos intereses en juego. Pero fue un golpe inmediato para los comisionados que se encontraban en Estados Unidos negociando un acuerdo con ese gobierno. La jornada del 11 de diciembre de 1898 fue impactante para los cubanos. Cosme de la Torriente lo describiría así:

En un día triste, bajo una fuerte nevada, los descendientes de Calixto, los cubanos que allí nos encontrábamos, las autoridades militares y políticas de los Estados Unidos, muchos americanos y cubanos que habían llegado de otras poblaciones para rendirle memoria, llevamos los restos mortales del jefe y amigo, cubierto su cuerpo con una bandera cubana, al Cementerio Nacional de Arlington, donde habría de esperar el traslado a la patria. 4

Un año después, en 1899, Torriente volvería a escribir:

Hoy 11 de diciembre se cumple un año de la fecha en que el telégrafo anunció al mundo que en la capital de los Estados Unidos acababa de fallecer un hombre grande y bueno. Aquel héroe que vio la luz en Holguín en 1839 cerraba para siempre los ojos en tierra extraña a las diez y siete minutos de la mañana del domingo 11 de diciembre, el año pasado en una habitación del Hotel Raleigh, Washington. Aquel titán contra el que nada pudieron treinta años de rudo batallar por la independencia de su tierra, las balas, las miserias horribles de largas campañas, las enfermedades, las traiciones de los hombres, fue a rendirse ante un soplo del invierno del Norte que tronchó su vida en seis días no más. Un poco de aire frío penetrado en sus pulmones, hizo lo que no pudo realizar el pedazo de plomo, que partiendo veloz del cañón de su revólver –disparado por su mano para no ser prisionero del enemigo –y entrando por debajo de la barba, dejó para mientras viviera en su mente altiva, con el lucero que marcaba su salida, el sello de esa acción de rebeldía inmortal, que quizás ningún otro hombre haya podido ostentar. 5

Extraña suerte la del insigne holguinero, morir entre quienes intentaban arrebatarle la soberanía a su querida Cuba. Su marchito organismo no resistió el invierno estadounidense. Los restos mortales del patriota cubano fueron trasladados a Cuba en febrero de 1899 y enterrados en el Cementerio de Colón. Asimismo, los ecos de la misión diplomática retumbaron en las decisiones del poder imperial que había eclipsado de manera unilateral un día antes, el 10 de diciembre la soberanía cubana al imponer a España el Tratado de París.

No pudo Calixto con aquellas dramáticas circunstancias, pudo más el poder hegemónico de los Estados Unidos y el frío sobre el gran estadista cubano. A 123 años de su partida, sigue el debate, soberanía cubana versus hegemonía imperial. Se impone un homenaje al héroe, pero, además, el legado, la reflexión y la posición de defensa del derecho de Cuba, a que el mundo reconozca que, en esta pequeña porción del Caribe, hombres como Calixto se multiplican hoy frente al crudo invierno imperial para impedir que un desacertado Joe Biden, menosprecie a los héroes de la independencia cubana.

1. Archivo Familiar de Cosme de la Torriente y Peraza: Notas y apuntes de Campaña, día 6 de diciembre de 1898, pág. 69.

2. Manuel Márquez Sterling: Proceso histórico de la Enmienda Platt (1897-1934), Imprenta El Siglo XX, La Habana, 1941., pág. 41.

3. Carta de Calixto García a Cosme de la Torriente, Santa Cruz del Sur, 28 de octubre de 1898, en:  Calixto García. Estadista, discurso pronunciado por Torriente el 12 de agosto de 1944, Academia de la Historia de Cuba, p. 33.

4. Cosme de la Torriente y Peraza: Notas y apuntes de Campaña, día 13 de diciembre de 1898, ob cit, pág. 90.

5. Cosme de la Torriente y Peraza: Calixto García, artículo publicado en el periódico El Republicano de Santa Clara, 11 de diciembre de 1899, en: Cuarenta años de mi vida, ob cit, pp. 427-428.

Yusmel Pérez Figueredo
Graduado de Historia del arte por la Universidad de Oriente (2002). Profesor de Historia del arte y Arte cubano de la Universidad de Holguín. Especialista de la Dirección de Comunicación Institucional.

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