Ud. está en
Home > Actualidad > ¿Qué nos enseñan los videojuegos sobre el fracaso?

¿Qué nos enseñan los videojuegos sobre el fracaso?

Psicología para tu vida

Por Jesús Enmanuel Pupo Pupo/ Estudiante de Psicología

¿Por qué seguimos intentándolo una y otra vez cuando fracasamos en un videojuego, pero en la vida real solemos abandonar al primer fallo? ¿Qué tienen los videojuegos que nos invitan a perseverar, incluso después de equivocarnos repetidamente, mientras que en la vida cotidiana el fracaso suele desmotivarnos?

Para responder a estas preguntas, conviene detenernos primero en:

¿Qué entendemos por fracaso?

Aunque tenemos bastante claro qué son los videojuegos, no siempre ocurre lo mismo cuando hablamos de fracaso. Según el diccionario, el fracaso puede definirse como una situación en la que no se obtienen los resultados deseados.

Sin embargo, esta definición resulta incompleta si no distinguimos entre distintos tipos de fracaso. En este sentido, podemos diferenciar entre fracaso temporal y fracaso definitivo. El fracaso temporal se manifiesta como errores, fallos o tropiezos que retrasan la consecución de un objetivo, pero no la imposibilitan. El fracaso definitivo, en cambio, cierra por completo la posibilidad de alcanzar lo deseado.

Esta distinción resulta clave para comprender la diferencia entre el fracaso en los videojuegos y éste en la vida real.

En los videojuegos, el fracaso suele percibirse como un error corregible, un fracaso temporal que invita a volver a intentarlo. En la vida cotidiana, en cambio, tendemos a interpretarlo como un fracaso definitivo, aun cuando objetivamente podría no serlo. ¿Por qué ocurre esto?

El círculo mágico del juego

Una primera explicación la ofrece Johan Huizinga en su obra Homo Ludens, donde introduce el concepto de círculo mágico. Este concepto hace referencia al espacio simbólico en el que se desarrolla el juego, delimitado y separado de la vida cotidiana.

Dentro de este círculo, lo que sucede es importante mientras dura el juego, pero al finalizar se recupera la perspectiva. El fracaso pierde su carga dramática y se transforma en un simple error del que se puede aprender. Además, al tratarse de un espacio separado, el fracaso no parece tener consecuencias reales fuera del juego, por lo que la percepción de riesgo disminuye.

En la vida cotidiana ocurre lo contrario. No percibimos límites claros ni un “afuera” del cual salir. Cuando fallamos, sentimos que seguimos dentro del mismo juego, sin pausa ni distancia, lo que favorece que interpretemos el error como un fracaso definitivo.

En los videojuegos, el fracaso suele percibirse como un error corregible, un fracaso temporal que invita a volver a intentarlo

El esfuerzo de volver a intentarlo

A esta diferencia perceptiva se suma otro factor fundamental: el esfuerzo requerido para volver a intentarlo.

En los videojuegos, reintentar suele estar al alcance de un botón. En muchos casos, el juego reinicia automáticamente la partida o nos devuelve a un punto de control, evitando que tengamos que empezar desde cero. Los buenos videojuegos están diseñados para ser desafiantes sin resultar frustrantes, ajustando la dificultad para mantener al jugador motivado.

La vida real, en cambio, rara vez funciona de este modo. Volver a intentar algo suele implicar un alto coste emocional, temporal o material. No hay puntos de guardado ni reinicios automáticos, lo que aumenta la percepción de esfuerzo y desincentiva la perseverancia.

El poder del feedback y el propósito

Otro elemento clave es el feedback inmediato y claro. En los videojuegos, cada acción suele ir acompañada de señales visuales y sonoras que indican progreso: subir de nivel, adquirir habilidades, derrotar enemigos. Todo comunica al jugador qué está haciendo bien y qué debe mejorar.

En la vida cotidiana, este feedback suele ser difuso o tardío. No existe un menú que nos muestre nuestras habilidades ni una música que confirme que hemos tomado la decisión correcta. Muchas veces actuamos en la incertidumbre, sin señales claras de progreso.

A esto se suma la claridad del objetivo o propósito. En los videojuegos, la misión principal suele estar bien definida desde el inicio. El jugador sabe qué debe hacer y por qué es importante. En la vida real, en cambio, es común sentirse perdido, sin una dirección clara o un propósito suficientemente motivador.

Como señalaba Viktor Frankl, “quien tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”. No resulta extraño, entonces, que en etapas vitales marcadas por la búsqueda de sentido, como la adolescencia, los videojuegos funcionen como refugio, ofreciendo objetivos claros y una sensación de propósito.

Entonces, aprende a jugar el juego de la vida

Los videojuegos nos recuerdan que el fracaso no es el final, sino una pausa necesaria para aprender y reajustar la estrategia. Cuando trasladamos esta lógica a la vida cotidiana, el error pierde su poder paralizante y se convierte en una señal de que aún hay margen para avanzar. Al final, no se trata de evitar el fracaso, sino de entenderlo como lo que es: una invitación a seguir jugando.

Autor

Leave a Reply

Top