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Acompañamiento psicológico asertivo en tiempos de arbovirosis

Psicología para tu vida

Por Marcos Aurelio Barahona Torres / Estudiante de Psicología

En determinadas etapas de año, en los pasillos de muchos hospitales y otros centros de salud cubanos se acrecienta, entre pacientes y profesionales de salud, preocupaciones ligadas estrechamente al alza de arbovirosis.

La circulación de enfermedades causadas por mosquitos, tales como el Dengue, Zika, Oropouche y, más recientemente, el Chikungunya,  ponen a prueba al sistema de salud y a la estabilidad emocional de pacientes y familiares.

Entonces no sorprende que las salas de febriles concentren mucho más que síntomas físicos. En ellas se instalan miedos, dudas, ansiedad y expectativas de recuperación.

En medio de ese escenario la Psicología adquiere un valor adicional. Cuando la fiebre sube y la incertidumbre se instala, el acompañamiento psicológico se convierte en una forma de sostén tan necesaria como el tratamiento farmacológico.

Comunicar bien también es cuidar

En contextos de crisis sanitaria la comunicación deja de ser un simple intercambio de información y se transforma en una herramienta vital. Informar sin alarmar, orientar sin imponer, escuchar con atención y responder con respeto son acciones que marcan la diferencia cuando las personas se sienten vulnerables.

La comunicación asertiva permite transmitir indicaciones claras sin generar miedo, facilita la comprensión de las medidas preventivas y reduce los malentendidos que suelen aparecer cuando la tensión emocional afecta la atención y la memoria. Decir lo necesario, de manera oportuna y empática, fortalece la confianza entre profesionales de la salud, pacientes y familiares y contribuye a crear un clima de cooperación en momentos donde la incertidumbre puede dominar.

La enfermedad no es solo biológica

Las arbovirosis no impactan únicamente en el cuerpo, sino que también generan cambios en la forma en que las personas interpretan la información y en su comportamiento cotidiano. 

Mientras algunas personas enfrentan la enfermedad con relativa serenidad, otras experimentan miedo intenso ante el menor síntoma y posibles secuelas. En estos últimos casos, el estrés sostenido puede provocar olvidos, confusión y conductas poco seguras, lo que dificulta el cumplimiento de las orientaciones médicas.

Desde la Psicología Social y Comunitaria se reconoce que las epidemias modifican la dinámica de las relaciones humanas. Por ello, comprender la enfermedad implica también comprender a la persona que la vive, su contexto, sus emociones y sus recursos para afrontarla.

Acompañar en lo cotidiano

El apoyo psicológico en tiempos de arbovirosis se expresa en gestos que, aunque parecen simples, tienen un profundo impacto emocional: escuchar una preocupación que se repite, validar un miedo que no siempre se expresa en voz alta, explicar una medida preventiva tantas veces como sea necesario sin perder la calma.

En las salas de febriles, donde el tiempo escasea y la presión es constante, estas acciones ayudan a aliviar la ansiedad, devuelven sensación de control y contribuyen a que las personas se sientan acompañadas. El cuidado emocional no acelera la cura, pero sí hace más llevadero el proceso de enfermedad.

Cuidar a quienes cuidan

El acompañamiento psicológico no debe centrarse únicamente en los pacientes. El personal de salud también enfrenta una carga emocional significativa: jornadas extensas, alta demanda asistencial, exposición continua al sufrimiento, al riesgo de contagio y decisiones tomadas bajo presión. Cuando este desgaste no se atiende, puede derivar en agotamiento profesional y afectar la calidad de la atención.

La comunicación asertiva dentro de los equipos de trabajo permite expresar límites, distribuir responsabilidades, solicitar apoyo y prevenir conflictos. Los equipos cohesionados, que se comunican con respeto y claridad, enfrentan mejor las crisis y reducen el riesgo de errores en la atención sanitaria.

La orientación en la comunidad

En las comunidades, la manera en que se transmite la información influye directamente en la comprensión del riesgo. No todas las personas reciben los mensajes desde el mismo estado emocional ni con los mismos recursos para interpretarlos. Por ello, una orientación psicológica bien diseñada puede mejorar las conductas preventivas, disminuir la circulación de rumores y evitar decisiones impulsivas que pongan en riesgo la salud individual y colectiva.

En este contexto, informar es mucho más que transmitir datos; significa acompañar, tranquilizar y fortalecer la responsabilidad compartida frente a la enfermedad.

Un desafío que va más allá de lo clínico

Hoy, Cuba enfrenta un reto sanitario que no se limita al ámbito médico. Se trata también de un desafío emocional y comunicativo. En esa respuesta integral, los psicólogos y los estudiantes que se forman en esta profesión ocupan un lugar esencial.

Somos mediadores entre la información y la comprensión, entre el miedo y la calma, entre la incertidumbre y la esperanza. Nuestra labor consiste en estar presentes allí donde el sufrimiento necesita ser escuchado y donde la palabra, cuando se usa con sensibilidad y respeto, puede convertirse en una forma de alivio.

Quizás esa sea una de las tareas más profundas de la Psicología: acompañar cuando la enfermedad irrumpe, sostener cuando la certeza se pierde y contribuir, desde la comunicación y el cuidado emocional, a abrir caminos hacia la recuperación y el bienestar.

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